Dos reflexiones sobre comida y fotos en los viajes

peru_contemplar

Por Mariana Castillo

Hicimos un viaje exprés a Perú y pronto haré una crónica de esa travesía que no fue de trabajo sino de ocio. Mientras le doy espacio a mi texto hice dos reflexiones y esto es solo un ejercicio de charla interna, de volver a preguntarme ciertas acciones en esta era digital y del acercamiento a otras realidades.

  1. Comer es una forma de conocer las costumbres de un país

Comí cui. Sí, comí cuyo en Cusco. Animalistas y veganos, sé que quizá eso no les gusta pero mi hogar es omnívoro: no me espantan las cabezas de cerdos o colas de res en los mercados (de hecho, me gustan).

Considero que parte de conocer un lugar está en probar su comida y dejar fuera prejuicios de supremacía moral: quien quiera quitarse a los animales de su dieta por elección está bien pero no por eso deben intentar convencernos a todos de serlo ni mucho menos atacarnos por no seguir su preferencia. Al respecto este artículo que hace un análisis propositivo: El veganismo y sus límites políticos.

Antes de decidir pedir ese platillo platiqué con varios cusqueños y me sugirieron no dejar de probarlo. “No cualquiera lo sabe preparar”, advirtieron. Explicaron que hay platillos con él como el chiriuchu para el Inti Raymi o mezclas chifas como el chi jau cui. Hay criaderos para asegurar que esté lo más sano posible.

El momento de probarlo por fin llegó. Lo observé, le habían puesto un pimiento en la boca. Ahí fue cuando me recordó a Simone, un hámster que tuve (y que murió en mi ausencia durante un viaje). Me quité esa memoria pues no era de utilidad antes de hincarle el diente a ese cuerpecito. Probé un poco de su carne. No me emocionó. Y no es que no estuviera bueno: estaba bien cocinado, era suave y lo habían metido al horno y acompañado con papas amarillas y una exquisita ensalada de cebolla, limón y ajíes. Solo no me gustó. “Cómalo con las manos, ahí está todo el sabor”, recomendaron.

Pienso en la foto que tomé y no quise publicarla pues es mejor contarles la anécdota y que cada quien construya su imagen. Esa premisa teórica de “el sabor es una categoría cultural” es ciertísima y el gusto es lo más subjetivo que existe. Tan cierto. Me quedo con los sabores de la alpaca, los cebiches, el tacacho, el lomo saltado, la hierba luisa y todos los platillos que comí en los restaurantes Central o Fiesta y en los mercados. Este roedor y yo no nos entendimos. Cui, no eres tú, soy yo.

Y sí, me gusta probar lo más que puedo en un viaje para entender un entorno desde la comida, no como coleccionista compulsivo o foodie, sino como un ejercicio de entender mejor al lugar.

  1. Hay una obsesión por contar los lugares y las experiencias, todo con medida

Regresando a la foto del cuyo: cuando publiqué la historia en mis redes muchos pidieron la imagen y me surgió la pregunta ¿Acaso todo debe fotografiarse durante los viajes? Considero que hoy en día existe una saturación visual y la idea de la inmediatez resulta un estrés total que no te permite tener silencio y apreciación (y no habló de reporteros sino de la gente en general).

La idea de conocer un sitio implica platicar, observar y disfrutar. Lo indispensable es lo que aprehendes durante la vivencia, lo que guardas en tu alma y tu memoria: los aromas, los sonidos, los colores y sobre todo, lo que sientes.

Sí, claro. Yo también subo fotos de mis viajes y registro lo que puedo para recordarlo pero no es EL MOTIVO de los mismos. Me meto a redes cuando estoy en un trayecto o en soledad y no mientras estoy con otras personas con las que estoy conviviendo de forma placentera. ¿Cómo voy a poder darles consejos o una buena historia si ni siquiera estoy atenta a mi viaje?

¿Es tan importante tener una foto “perfecta”? No lo creo. “Nunca la aceleración casi mecánica de las rutinas vitales ha sido tan fuerte como hoy. Y hay que tener tiempo para buscar tiempo. Y otra cosa: no hay que tener miedo al silencio. El miedo de los niños al silencio me da miedo. Solo el silencio nos enseña a encontrar en nosotros lo esencial”, dijo George Steiner en una magistral entrevista que publicaron ayer en Babelia de El País que es una reflexión a hacer durante los viajes.

Mientras estaba en Machu Picchu una señora y sus hijas traían “en jaque” al pobre padre de familia con tal de obtener la imagen perfecta para el Facebook. Nosotros recorrimos el lugar entero, descansamos en silencio y al volver ellas seguían en el mismo sitio pidiéndole al pobre hombre que las tomará en diferentes poses. Me gustaría preguntarles ahora qué sintieron al ver la infinitud entre las montañas, me gustaría saber si acaso escucharon que donde estaba el ojo de agua uno podía escuchar silbar al viento.

“Odio los viajes y los exploradores” escribió Levi Strauss en Tristes trópicos. Con esto este investigador visionario quiso decir que esa aventura “a lo Indiana Jones” no cabía en su profesión. Con esta frase me siento identificada y concluyo en que cada vez me siento más cercana a viajes que no son los de guía Lonely Planet o National Geographic: me gusta hacer mi propia guía y camino.

Te sugiero leer el texto de mi amiga Carmen Parra: 10 cosas que me hubiese gustado saber antes de ir a Perú.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s