Comercios centenarios de la Plaza Mayor de Madrid

Textos y fotos: Eva Puente

“Si tuvieras que recomendarme un lugar singular de la Plaza Mayor, ¿cuál sería?”. Mi pregunta deja sorprendido al joven que me atiende en la oficina de turismo de la Casa de la Panadería, el edificio más sobresaliente de la conocida plaza.

“Sin duda,  un recorrido por la historia de la Inquisición, ya que esta plaza fue sede de los Autos de fe del Santo Oficio… ¡Poco más! En ello no encuentro nada que me emocione, que me traslade a un pasado vivo. No hay nada que pueda oler, sentir, tocar.

Camino pensativa mientras observo grupúsculos de personas en el centro de la plaza que producen un ruido semejante a enjambres de abejas mientras revolotean alrededor de su panel.

Plaza Mayor de Madrid

Rincón de la Plaza Mayor junto al edificio de la Panadería

A veces entiendo frases sueltas en inglés, más allá en francés… Por encima de ellas sobresale la voz, a veces chillona, a veces apasionada, de los guías turísticos que explican con ojos desorbitados y una cierta teatralidad que el lugar fue sede de los Actos de fe del Santo Oficio.

Me saca de la abstracción una mujer gitana que me aborda de golpe con un ramillete de romero: “¡Toma guapa, te traerá suerte!”.

Rocío habla con una expresividad entre real y forzada, con el claro objetivo de unas monedas a cambio de un maltrecho y seco romero. “Y además, te leo la mano. No tengas miedo, que en tus ojos veo un buen futuro, no seas como esa gente que se avergüenza de que una gitana se le acerque”.

Su apreciación me provoca una sonrisa y de una manera natural entablamos conversación. “No imaginas cómo ha cambiado la vieja plaza donde ya nadie se para a conversar con nadie, donde a nadie le interesa la lectura de la mano ni el futuro que le pueda predecir una gitana. Sobrevivo con las monedas que dejan los turistas y de la chatarra y el cartón que recoge mi marido”.

Y precisamente de cartón están repletos algunos rincones de esta plaza donde conviven personajes vestidos de superhéroes y vendedores de un insufrible pito que se clava en tus oídos desgarrando el apacible ambiente de una mañana de sábado.

Algunos puntos de la plaza se han convertido en hogar de sin techos

Algunos puntos de la plaza se han convertido en hogar de sin techos

Camino de nuevo entre los desgastados adoquines que se clavan en las suelas de mis zapatos. Unos pasos más adelante observo una placa en el suelo, un poco más adelante, otra. En la puerta de un viejo hostal, me sorprende una más.

Entre los olores a bocata de calamares, a jamón serrano y a cordero asado, la Plaza Mayor regala una historia que se dibuja en su suelo. Una historia de comercios centenarios que atrapan al visitante con la esencia y la historia del Madrid de antes.

Placa en el suelo que indica un comercio centenario

Placa en el suelo que indica un comercio centenario

Las placas, dibujadas por el humorista Mingote, premian a una serie de establecimientos que te trasladan a otro tiempo.

Colmados, carnicerías, restaurantes e incluso la posada más antigua de España nos hablan de una historia viva, palpable, donde lo tradicional se mezcla con la modernidad.

David Bartolomé, tercera generación al frente de su comercio centenario

David Bartolomé, tercera generación al frente de su comercio centenario

Daniel Bartolomé está al frente de una carnicería que roza los ciento cincuenta años; me cuenta altivo cómo siguen adelante a pesar de las intrusivas franquicias.

A Miguel Ferrero le brillan los ojos mientras me explica orgulloso cómo su bisabuelo fundó la tienda Los Ferrero. En un lateral de la plaza, en Casa Yustas, confeccionan y venden sombreros desde 1886.

Miguel Ferrero y su colmado centenario

Miguel Ferrero y su colmado centenario

En la Plaza Mayor su suelo nos cuenta fascinantes historias. ¡Solo hay que fijarse bien! Seguro que a partir de ahora cuando visites esta plaza tu mirada ya no será la misma, ya que tus ojos querrán dirigirse hacia el suelo para descubrir los bellos dibujos de Mingote y de paso, encontrar los comercios centenarios.

Nota de autora: este artículo lo realicé en el marco del taller de Periodismo de Viajes de la Escuela UAM/El País.

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