El Ksar de Aït Ben Haddou

Por Eva Puente

Caminamos por Aït Ben Haddou recorriendo las reducidas y escasas construcciones que componen el Ksar, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Nuestra mirada curiosa nos lleva de un lado a otro, a pesar del sol, del fuerte calor y de la profunda sed que sentimos.

Aït Ben Haddou - Patrimonio de la Humanidad

Aït Ben Haddou – Patrimonio de la Humanidad

Tras un rápido paseo con el resto de compañeros y profesores del Máster, ha llegado el momento de quedarse a solas para experimentar y poner en práctica parte de lo aprendido. Dos compañeras haremos juntas el recorrido. Decidimos experimentar nuevas sensaciones en un lugar del que no conocemos absolutamente nada, solo las notas rápidas sobre su historia y cultura que nos ha indicado nuestro guía-profesor. ¿Qué nos deparará la mañana? ¿Qué sacaremos en claro de esta visita-experimento?

El Ksar de Aït Ben Haddou

El Ksar de Aït Ben Haddou

Las componentes de Seis Maletas hemos tomado por un día caminos diferentes. Queremos respirar el lugar de distintas maneras. Necesitamos nuestro tiempo, nuestro espacio, nuestro propio enfoque. Ana y yo decidimos recorrer el camino hasta el punto de encuentro de manera pausada, acercándonos en cuanto podamos a “los otros”, a las personas que habitan y que trabajan en este singular lugar. Pero “los otros”, son también grupos de turistas que vienen y van en pequeñas manadas, cargados de estereotipos.

Pasan rápidamente, cámara o móvil en mano con cara de cansancio, calor y sed. Hay que retratarlo todo, hasta el último detalle, pero no respiran el lugar ni a su gente. No estaría de más preguntarles qué les ha traído hasta aquí, qué sensaciones les produce una construcción con siglos de historia, qué conversaciones han tenido con los lugareños, pero… el ritmo frenético que impone su guía hace imposible nuestra intención de acercamiento y de curiosidad. El grupo se aleja, las callejuelas se quedan vacías de golpe, solitarias, en un calmo silencio que acrecienta la belleza del Ksar.

Calle de adobe

Calle de adobe

Nuestro grupo también ha desaparecido, como engullido por las casas marrones de adobe. Ana y yo comenzamos a descender, el sol aprieta pero no dejamos de observar las construcciones, entramos en cualquier recoveco, tocamos las piedras, la arena que se deshace con nuestro tacto. Sopla una leve brisa y nos llegan olores a comida. Olores que después de varios días ya nos resultan familiares… el olor a Marruecos, el olor a cocina bereber, los olores del gran sur marroquí.

Tienda con productos locales

Tienda con productos locales

Nuestros pasos nos llevan hasta una serie de artículos que se sustentan en una baranda de piedra. Cachivaches de todo tipo. Anillos, dromedarios de piedra labrada, colgantes… un joven nos invita a entrar en su tienda. Su curiosidad puede con nuestro inicial recelo. Le decimos que no queremos comprar y en perfecto castellano nos indica que no importa si no compramos, él quiere hablar. Le interesan las personas que visitan su pueblo. Típicas preguntas iniciales, lugares de procedencia, y poco a poco la confianza se torna en animada charla. La curiosidad que se genera en estos lugares es recíproca, de nosotras hacia ellos y de ellos hacia nosotras. No tenemos mucho tiempo, situación frecuente en los viajes, un mal occidental que a veces rompe posibles e interesantes conversaciones y lazos con otras personas. A las dos de la tarde nos esperan en un punto concreto para comer.

Laberínticos callejones

Laberínticos callejones

Dejamos a Rachid en su tienda. De nuevo nos topamos con un pequeño laberinto de calles, la penumbra calma nuestro calor y alivia a nuestra piel de los fuertes rayos solares. A veces hemos llegado a un punto sin retorno e incluso hemos llegado al comedor de alguna casa, las equivocaciones nos han hecho reír. Otras, simplemente hemos aparecido en unas ruinas, en antiguas construcciones sin salida.

Elementos constructivos del Ksar: arena, barro y cañas

Elementos constructivos del Ksar: arena, barro y cañas

¡Qué extraña emoción produce la sensación de estar perdida! Tras otro giro y un nuevo recoveco, una puerta abierta llama nuestra atención. Un letrero nos anuncia que nos encontramos ante la Cooperativa femenina de alfombras bereberes. Ana y yo nos hemos mirado y enseguida hemos comprendido que las dos queremos entrar. Esperamos encontrar mujeres, protagonistas del día al día con las que conversar, con las que interactuar.

Cooperativa Femenina de alfombras bereberes

Cooperativa Femenina de alfombras bereberes

Al entrar hemos generado una desbandada de los hombres que estaban terminando de comer. Recogen rápidamente los platos y sin saber cómo solo queda una persona en la tienda. Se trata de Abdeul y enseguida nos invita a sentarnos y compartir una taza de té. ¡Sería incapaz de contar los té a la menta que he llegado a tomar en estos días!

Telar y tapices de la cooperativa

Telar y tapices de la cooperativa

La amabilidad de los gestos, la serenidad que desprende y los ojos de curiosidad que nos muestra hacen que aceptemos encantadas la hospitalidad de Abdeul y sin forzar nada comienza una animada charla sobre la vida, religión, política, sociedad, pero sobre todo, y encauzada por nosotras, sobre la cooperativa y la localidad en la que estamos. Unos pasos y unas voces interrumpen la interesante atmósfera que se creado entre los tres. Sonreímos al descubrir que entra en la tienda otra de nuestras compañeras de Seis Maletas que viene acompañada de un joven.

Miramos el reloj y es hora de volver. ¡No puede ser! Estamos tan a gusto que no hubiéramos regresado nunca. Tras unos minutos más de animada charla nos despedimos de Abdeul y decidimos regresar, ya llegamos tarde, pero no nos importa. Esta experiencia ha sido muy gratificante. Nosotras podremos contar que el Ksar de Aït Ben Addou es un lugar que va más allá de su fotogenia, de su nombramiento como Patrimonio de la Humanidad. Un lugar que debe ser visitado no solo por las películas que se han rodado o porque forma parte de la “Ruta de las Kasbahs”.

Panorámica de Aït Ben Haddou

Panorámica de Aït Ben Haddou

Aït Ben Addou tiene vida, tiene historias humanas que merecen ser escuchadas. En este apreciado monumento viven familias que trabajan, con sueños y esperanzas, y nosotras hemos intentado escuchar las voces que el tiempo, ese maldito imperativo de nuestra cultura occidental, nos ha permitido oír.

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Una respuesta a “El Ksar de Aït Ben Haddou

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