Seis miradas sobre Fez

Carmen Parra

Entre la maraña de callejones, callejuelas y rincones de la medina de Fez, lo que más  me ha sorprendido, es la velocidad a la que circulan los ciudadanos, animales y turistas en todas direcciones formando un admirable caos.

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Ana Ayala

Fez me ha recordado muchísimo a Andalucía: casas blancas, artesonado árabe en fachadas y puertas, pescado fresco, sol y calor, bullicio alegre en las calles, simpatía.

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Paula Velasco

Durante el día de hoy me he sentido como en otro mundo. Babuchas de mil colores, chilabas, joyas, pañuelos, mil comerciantes y artesanos, productos locales… Un tipo de vida que nunca había presenciado antes. Sin embargo, después de varias horas de ver gatos callejeros, desde bebés hasta adultos, y burros cargados de bombonas de butano, me han caído las lágrimas al pasar por un callejón repleto de jaulas con conejos y pollos, uno de los cuales iba a ser sacrificado al pasar nuestro grupo. Demasiado para una vegetariana…

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Mariana Castillo

La palabra ‘fonda’ tiene para mi un nuevo contexto. En el DF se come en esos establecimientos de lunes a viernes, comida casera y barata. En Marruecos era y es un sitio de intercambio comercial. El sabor del tajine y el té de menta se entienden mejor al mirar los paisajes y al caminar por las calles de la Medina de Fez. La razón no es suficiente para aprehender esta experiencia.

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Eva Puente

Para una persona con claustrofobia, callejear por una Medina como la de Fez, con más de nueve mil callejuelas, puede ser casi un infierno. Ese es mi caso y sin embargo, a pesar de algunos momentos angustiosos, he superado mi propio reto personal. Adentrarme en el laberinto de calles para presenciar la impactante imagen de las tenerías ha sido un premio. Me he quedado hipnotizada en lo alto del mirador de una tienda de pieles mirando el durísimo trabajo que se realiza en las tenerías, casi infrahumano, en duras condiciones con un olor que roza lo insoportable, bajo un sol y calor sofocante, y yo preocupada por mi “personal infierno”. La vida, lo real, lo cotidiano supera cualquier miedo.

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Diana Melo

Los sentidos se conjugan cuando comes en un restaurante marroquí.

El aroma de la comida te acompaña camino al restaurante, andando por la Medina. Tu sentido del tacto se sorprende con las texturas de los productos. El oído puede alimentarse de las voces que ofrecen los productos en todos los idiomas, o martirizarse si te encuentras con un sacrificio animal. Al llegar al restaurante, tus ojos se deslumbran con la arquitectura y los grabados artesanales. El gusto se lleva la mejor parte, cuando tienes el placer de probar una ensalada fresca.

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