Turista versus Viajero

Por Ana Ayala

Tengo el honor de inaugurar la sección en la que expresaremos nuestras opiniones personales sobre el mundillo de los viajes. Nos gustaría que los lectores aportaseis también vuestros comentarios a favor o en contra de estos planteamientos, con la intención de crear interesantes debates. ¡Comenzamos!

Lo confieso: nunca me había parado a pensar detenidamente en las diferencias y semejanzas que existen entre un viajero y un turista. El tema se planteó en uno de los foros de nuestro máster y descubrí que hay quien considera que estos dos perfiles son antagónicos. Probablemente es culpa de los estereotipos. Unos imaginan al turista vistiendo sandalias con calcetines, mientras que otros ven al viajero como un bohemio con “pájaros en la cabeza”.

Atuendo con el que se suele identificar al turista.

Atuendo con el que se suele identificar al turista.

Viajera soñando con su próximo destino.

Viajera soñando con su próximo destino.

A lo largo de estos tres meses de curso un mensaje ha calado hondo en mí: “viaja ligero de equipaje”. Esto significa que debemos dejar los prejuicios fuera de la maleta. Partiendo de esta base, tan sólo veo hermanamiento entre el turista y el viajero, ya que comparten una misma pasión; conocer nuevos lugares. En mi opinión, la única diferencia radica en el tiempo de dedicación. El turista pretende sacar el máximo rendimiento a sus vacaciones, visitando el mayor número posible de cosas en solo unos días. El viajero, ya sea porque se ha tomado un año sabático para hacer lo que más le gusta o porque se dedica profesionalmente a ello, puede permitirse recrearse y empapar sus cinco sentidos: ver la ciudad, escuchar a sus gentes, oler sus calles y jardines, saborear sus comidas, tocar sus monumentos.

Como consecuencia, es probable que la experiencia del turista resulte más superficial y la del viajero más espiritual. Pero no debemos criticar ninguna de las dos caras. ¿A quién no le gustaría disponer de tiempo y dinero para prolongar sus vacaciones? Si el turista tuviese la opción, probablemente elegiría quedarse más días en ese destino, y entonces tendría la posibilidad de disfrutar de los detalles que pasan por alto cuando se va con prisas. Por otra parte, si el viajero ha experimentado la magia de mimetizarse con un lugar, es normal que vuelva maravillado y con ganas de compartir sus historias, no por vanidad sino por pasión, así que no es justo tacharle de fanfarrón hablador. Es más, creo que todo viajero primero ha sido turista y en una de sus excursiones descubrió que viajar era lo que más le gustaba.

Quiero terminar este artículo con un consejo: sea cual sea tu forma de viajar, hazlo con la mente abierta, pues en un país lejano el intruso eres tú. Observa otras costumbres y olvida los estereotipos. Eso es viajar ligero de equipaje.

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