Viaje, aventura, historia y ciencia: Reflexiones durante el módulo “Viajes y Viajeros”

Cuaderno apuntes Por Paula Velasco

Ya hace casi dos meses que comenzamos nuestra aventura personal en forma de Máster de Periodismo de Viajes. No nos conocemos personalmente todavía, pero a ninguna nos resulta difícil imaginar las sensaciones que las demás están teniendo a medida que avanzamos en la materia. Es cierto que cada una proviene de un mundo distinto (unas del periodismo, otras de la comunicación, otras de la traducción y la enseñanza), pero en cualquier caso, compartimos una pasión común, los viajes, y gracias a ellos hemos llegado hasta aquí, hasta esta página en la que a partir de ahora compartimos nuestras experiencias. Lo que está claro es que esta ha sido una decisión que para todas nosotras se ha convertido en una de las más importantes que hemos tomado.

Personalmente, la forma en la que he acabado en este punto ha sido cuanto menos curiosa… Descubrí este máster cuando, estando en los Alpes franceses como profesora en un colegio español, empecé a fraguar la idea de hacer una vuelta al mundo, gracias sobre todo a los ahorros que pude hacer trabajando allí. Sin saber cómo, la idea de ese gran viaje empezó a ocupar la mayor parte de mi mente, y sí que es cierto que siempre me había gustado muchísimo viajar, pero no fue hasta ese momento, hasta que ese proyecto inundó mi cabeza, que empecé a pensar que me gustaría dedicarme a ello profesionalmente. Tanto fue así que tuve claro que querría documentar al máximo mi viaje, pero que me gustaría saber escribir de manera profesional para poder sacarle el máximo partido a la aventura.

Así fue como comencé a buscar información sobre cursos de periodismo o de relatos de viajes y este apareció, como de la nada. Lamentablemente para mí, por entonces solamente había información sobre el programa presencial… “Lástima”, me dije, “habrá que esperar a volver a España y quizás entonces pueda hacerlo”. Eso no sería, como mínimo, hasta dos años después, ya que mis planes eran continuar en los Alpes al menos dos cursos más, pero cuando las cosas no dependen de uno… mal asunto. Y no dependieron de mí. A finales de julio me vi sin trabajo de un día para otro y con la cabeza como un bombo, sin saber qué hacer ni qué paso dar a continuación.

Sin saber cómo, volviendo a fantasear con este máster me encontré de nuevo ante la página web y ¡oh, sorpresa! Primera edición online a partir de febrero de 2014. ¡Felicidad suprema, no había otra manera de expresarlo! Y por supuesto, teniendo en cuenta que estoy escribiendo este documento, no hace falta aclarar qué fue lo que pasó después.

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Pues bien, heme aquí en el día de hoy y teniendo la sensación de estar disfrutando como nunca con los contenidos que he devorado, literalmente, desde el primer día. Gracias a todo lo que he ido leyendo de la mano de estas personas que me dan envidia, pero de la sana (David Rull, Jordi Serrallonga, Fabio Tropea, Jordi Grau. Luis Pancorbo y Mariano Belenguer), he recordado mi niñez viendo día sí, día también la trilogía de Indiana Jones, mi ídolo de la infancia (¡tenía incluso un muñeco de él, con su sombrero y su látigo!), Parque jurásico (por supuesto quería ser paleontóloga, como cualquier niño entonces, y recorrer el mundo en busca de fósiles de dinosaurios) o los documentales de Jacques Cousteau (cuántas veces habré visto el capítulo de los tiburones, que tanta fascinación me producían, a la par que miedo, claro). Cuántos millones de enciclopedias de animales me habré leído en mi vida, desde animales marinos a aves, daba igual (a los 8 años yo era la única “sabelotodo” de mi clase que sabía lo que era un narval); en cuántas ocasiones habré soñado con momias, pirámides, la Grecia clásica, cuánto daría por conocer la antigua biblioteca de Alejandría; cuánto disfruté del vértigo que me produjo leer Cosmos, de Carl Sagan; cuán injusto he creído siempre el odio hacia el lobo o hacia las ratas y ahora veo que es todo cuestión del miedo a lo desconocido, a lo foráneo, con mucho origen en las historias populares.

Lo que quiero decir es que el contenido de este pasado mes de febrero ha sacado el explorador que todos llevamos dentro y nos encontramos con un deseo irrefrenable de conocer y lo que es peor: con la frustración de saber que nunca podremos saberlo todo. Quien más, quien menos ya habrá visto Gorilas en la niebla al menos diez veces, La misión otras tantas y todos los documentales de Disney Nature (y se ha enamorado para siempre de los flamencos); habrá descubierto que el Instituto Jane Goodall organiza un curso de introducción a la primatología de campo en Senegal y Guinea en abril y habrá lanzado mil juramentos por no poder asistir; habrá leído mil enlaces en Internet sobre Darwin o Marco Polo y habrá sentido que le fallan las piernas al saber que Jordi Serrallonga, moderador del primer foro, corrector de nuestra primera tarea e ídolo de todo futuro periodista de viajes que se precie, leerá nuestras aportaciones.

Y ahora es cuando lamento: “¡Por qué no me apuntaría para la Ruta Quetzal cuando tuve la oportunidad…!”.

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